Cosas Que Creí Que Quería (Y No Quería)
- Feb 17
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Updated: 2 days ago
A los 18 años yo quería títulos. Muchos. Creía que mientras más certificados tuviera colgados en una pared, más poder iba a tener. Una carrera no era suficiente; necesitaba una maestría, y quizás otra más. Pensaba que el conocimiento validado por una institución me daría autoridad y seguridad, como una armadura contra el mundo. Durante años asocié el éxito académico con estabilidad emocional. Creí que los logros externos iban a definirme. Hoy entiendo que el crecimiento personal no siempre se mide en diplomas.
También quería una familia enorme. Con el tiempo comprendí que no era solo un deseo: era una expectativa construida. Quería la familia perfecta, la que no tiene grietas. La versión que vemos en revistas y redes sociales. La que demuestra que sabes elegir bien y que todo en tu vida está bajo control.
Decía que quería cuatro hijos sin dimensionar la responsabilidad real de sostener vidas.
Hoy tengo una carrera universitaria, un hijo, un perro y un compañero de vida. Y es suficiente. La adultez me enseñó que formar una familia no es acumular, sino asumir con conciencia.
Relaciones “correctas” y validación externa
También creí que debía elegir parejas “correctas”: buen trabajo, buena familia, buenos recursos. Como si el amor fuera una validación social.
Durante años confundí estabilidad con imagen. Pensé que estar con alguien “adecuado” demostraba que yo tomaba buenas decisiones y que había escapado de cualquier historia disfuncional.
Pero las relaciones no se sostienen con currículums. Se sostienen en los días difíciles, en las conversaciones incómodas y en la voluntad de construir incluso cuando todo pesa.
El éxito que no me definió
Cuando me gradué de periodismo, después de cinco años en Madrid, me sentí orgullosa. Fue un logro real. Sin embargo, no fue la cima de mi vida ni la identidad definitiva que imaginé.
Ese momento me enseñó algo clave: alcanzar metas no siempre llena el vacío que creemos que van a llenar.
La adultez real vs. la que imaginé
A esta edad me veía casada, viviendo en una casa grande, trabajando en una multinacional y rodeada de una familia numerosa alrededor de una mesa eterna.
Me equivoqué en casi todo: No me casé.No trabajo en una multinacional.No tengo una casa enorme. No tengo cuatro hijos, pero tengo paz. Y nadie me explicó que la paz mental iba a ser más importante que cualquier título, cualquier apellido o cualquier imagen perfecta.
Lo que realmente quería: paz
Con el tiempo descubrí que el amor no se prueba cuando todo está bien; se construye cuando todo pesa. Descubrí que una familia pequeña, elegida con responsabilidad y conciencia, puede llenar más que cualquier fantasía de abundancia emocional.
Crecer no es conseguir todo lo que soñabas. Es darte cuenta de que muchas de esas cosas nunca fueron realmente tuyas.
Si pudiera decirle algo a mi versión de 20 años, le diría:
Todo te va a salir bien.Pero deja de vivir adelantada. Deja de planear la vida como si fuera una estrategia. Vive el presente, no pienses tanto en el futuro. Porque lo que realmente quieres es paz, y esa no se consigue corriendo.
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