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¿Por Qué Ponemos Nuestro Bienestar Emocional En Manos De Los Demás?

Jul 30
3 min read

Updated: Aug 4

Hay una frase que escuchamos constantemente: "Es que no me da mi lugar." La decimos cuando sentimos que una pareja no nos prioriza, cuando un amigo nos decepciona o cuando alguien nos trata de una forma que no creemos merecer.


Y, aunque ese sentimiento puede ser completamente válido, creo que hay una pregunta mucho más interesante: ¿Cuándo decidimos que nuestro lugar era algo que otra persona tenía que darnos?

Porque, si alguien tiene el poder de darte tu lugar, también tiene el poder de quitártelo.Y ahí es donde empieza el problema realmente.


Cuando ponemos nuestro bienestar emocional en manos de otra persona

Todos lo hemos hecho alguna vez: pensar que estaremos bien cuando alguien cambie, cuando nos elija, cuando nos pida perdón, cuando nos valore...


Sin darnos cuenta, empezamos a construir nuestro bienestar alrededor de decisiones que nunca dependen de nosotros y por supuesto eso tiene un costo: la libertad de elegir (te).


Es más fácil esperar que cambiar

Hay una razón por la que esta forma de pensar resulta tan atractiva. Si todo depende de la otra persona, yo no tengo que tomar ninguna decisión. Solo tengo que esperar; Esperar a que cambie,

esperar a que me quiera, esperar a que se dé cuenta de lo que perdió, esperar a que las cosas mejoren.


Es una posición cómoda, aunque sea dolorosa, porque nos libera de la responsabilidad de actuar. Y asumir esa responsabilidad suele dar mucho más miedo que seguir esperando.


Recuperar el control no significa culparte

Aquí creo que es importante hacer una diferencia. Que alguien te haya tratado mal no es tu responsabilidad o que una persona te haya engañado, manipulado o faltado al respeto tampoco.


Pero sí hay una pregunta que solo tú puedes responder:

¿Qué haces con esa información?, ¿Te quedas esperando a que cambie?, ¿Sigues intentando convencerle de que te trate mejor?, ¿O empiezas a tomar decisiones pensando también en ti?


Recuperar el control no consiste en negar lo que hizo el otro, consiste en dejar de creer que tu bienestar emocional depende de que el otro cambie.


Entonces, ¿qué significa regalar tu lugar?

No significa que alguien te lo quite. Significa que, poco a poco, dejas que otras personas decidan cómo te sientes contigo mismo.


Ocurre cuando:

  • Necesitas que alguien te elija para sentir que vales.

  • Permaneces en una situación que sabes que te hace daño esperando que cambie.

  • Dejas de hacer planes porque toda tu atención está puesta en otra persona.

  • Permites que una opinión determine cómo te ves a ti mismx.

  • Pospones decisiones importantes esperando que alguien más decida por ti.


No suele pasar de un día para otro, es una suma de pequeñas decisiones que terminan alejándote de ti.

Una pregunta que vale la pena hacerse

La próxima vez que pienses:"No me está dando mi lugar."


Prueba a cambiar la pregunta. En lugar de preguntarte qué debería hacer la otra persona, pregúntate:

¿Qué estoy dejando de hacer yo?, ¿Estoy poniendo límites?, ¿Estoy actuando de acuerdo con lo que necesito?, ¿O estoy esperando que otra persona resuelva un problema que solo yo puedo resolver?


Ese cambio de perspectiva no elimina el dolor, pero sí devuelve algo muy importante: tu capacidad de decidir.


La única libertad que nadie puede quitarte_

No siempre podemos elegir lo que nos ocurre. No podemos decidir quién nos quiere, quién se va o cómo actúan los demás, pero sí podemos decidir qué hacemos después. Y quizá esa sea una de las formas más importantes de libertad: no esperar a que alguien nos devuelva nuestro lugar. Sino recordar que nunca debimos entregárselo.

 
 
 

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